Las tendinopatías representan uno de los motivos de consulta más frecuentes en fisioterapia deportiva. Tanto tendinitis como tendinosis generan dolor persistente, limitación funcional y frustración en deportistas de todos los niveles. En este contexto, la terapia de ondas de choque se ha consolidado como una herramienta altamente efectiva, capaz de acelerar la recuperación y mejorar los resultados cuando otros tratamientos convencionales se estancan.
Este artículo analiza en profundidad el impacto real de las ondas de choque en la recuperación de tendinopatías, combinando la evidencia científica más actual con la experiencia clínica diaria. Descubrirás cómo funciona este tratamiento, cuándo está indicado, cuántas sesiones son necesarias y cómo integrarlo de forma óptima dentro de un programa de rehabilitación deportiva completo.
Las ondas de choque son ondas acústicas de alta energía que se transmiten a través de un aplicador hasta el tejido lesionado. A diferencia de las ondas ultrasónicas, generan un efecto mecánico profundo que provoca microtraumatismos controlados en el tendón. Estos microtraumatismos activan una respuesta biológica de reparación que incluye liberación de factores de crecimiento, angiogénesis y estimulación de la proliferación de tenocitos.
En el caso de las tendinopatías crónicas, donde el tendón presenta degeneración, desorganización de colágeno y escasa vascularización, las ondas de choque consiguen revertir este proceso. Estudios recientes demuestran que generan un incremento significativo en la expresión de colágeno tipo I, mejoran la alineación de las fibras y reducen las sustancias inflamatorias crónicas. Su efecto analgésico se produce tanto por modulación del dolor neuropático como por la mejora de la circulación local.
Existen dos tipos principales: ondas de choque focales y radiales. Las focales concentran su energía en un punto específico a mayor profundidad, siendo especialmente útiles en calcificaciones y tendinopatías de inserción. Las radiales distribuyen su energía de forma más superficial y son las más utilizadas en fisioterapia deportiva por su excelente relación eficacia-precio y menor molestia durante el tratamiento.
La terminología ha evolucionado considerablemente en los últimos años. La tendinitis implica inflamación aguda del tendón, mientras que la tendinosis hace referencia a un proceso degenerativo crónico con alteración de la matriz colágena. Actualmente se prefiere el término tendinopatía, que engloba tanto el componente doloroso como el degenerativo, independientemente del tiempo de evolución.
Esta distinción es relevante a la hora de aplicar ondas de choque. En fases inflamatorias agudas, se recomienda ser más conservador con la energía y frecuencia. En tendinosis crónicas, donde predomina la degeneración, las ondas de choque muestran sus mejores resultados al estimular la neovascularización y la reorganización estructural del tendón. Un buen diagnóstico diferencial permite ajustar los parámetros del tratamiento para maximizar sus beneficios.
Cuando las ondas de choque impactan en el tejido tendinoso, se produce un aumento inmediato de la permeabilidad celular y la liberación de óxido nítrico. Este proceso desencadena una cascada de eventos biológicos que incluyen la síntesis de VEGF (factor de crecimiento vascular endotelial) y TGF-β (factor de crecimiento transformante beta), fundamentales para la angiogénesis y la remodelación tisular.
A las 72 horas post-tratamiento ya se observan cambios histológicos significativos: disminución de la sustancia fundamental amorfa, aumento de fibroblastos activos y mejor alineación de las fibras de colágeno. Estos cambios explican por qué los pacientes no solo refieren menos dolor, sino que también recuperan progresivamente la capacidad de carga del tendón, aspecto crucial en el retorno al deporte.
Las ondas de choque han demostrado su eficacia en múltiples tendinopatías comunes en el deporte:
Especialmente destacable es su efectividad en tendinopatías que no responden a un programa de ejercicios excéntricos bien estructurado durante al menos 12 semanas. En estos casos, la combinación de ondas de choque con ejercicio terapéutico progresivo aumenta significativamente las tasas de éxito clínico.
El protocolo más aceptado actualmente recomienda entre 3 y 5 sesiones con intervalos de 7 a 10 días. Esta periodicidad permite que el tendón complete su proceso inflamatorio-regenerativo entre sesiones sin sobrecargarlo. La dosis habitual oscila entre 2000 y 3000 pulsos por sesión, con energías que van de 0,10 a 0,25 mJ/mm² según la localización y cronicidad de la lesión.
Es fundamental combinar las ondas de choque con un programa de carga progresiva específico. El tratamiento no sustituye al ejercicio, sino que lo potencia. Mientras las ondas mejoran el entorno biológico del tendón, el ejercicio genera las adaptaciones mecánicas necesarias para que el tejido recupere su capacidad de tolerar cargas deportivas.
Antes de cada sesión se recomienda preparar el tejido con técnicas de diatermia por radiofrecuencia (como INDIBA) o terapia manual para mejorar la extensibilidad tisular y la circulación local. Esta preparación reduce las molestias durante la aplicación y potencia los efectos biológicos de las ondas.
Durante el tratamiento, es importante localizar el punto de máxima sensibilidad y ajustar la energía de forma progresiva. El paciente debe sentir una molestia tolerable (aproximadamente 4-5 sobre 10), nunca un dolor insoportable. Esta retroalimentación es clave para optimizar los resultados.
La mayoría de los pacientes experimentan una reducción significativa del dolor entre la segunda y tercera sesión. Sin embargo, la mejora estructural del tendón es un proceso más lento que continúa hasta 3-4 meses después de finalizado el tratamiento. Este aspecto es importante transmitírselo al deportista para evitar expectativas poco realistas.
Estudios de seguimiento a 6 y 12 meses muestran tasas de éxito entre el 70% y 85% en tendinopatías crónicas. Los mejores resultados se obtienen cuando se combina la terapia con una corrección biomecánica adecuada, control de factores de carga y un programa de fortalecimiento progresivo bien diseñado.
Cuando se compara con otras modalidades, las ondas de choque suelen mostrar superioridad en tendinopatías de más de 6 meses de evolución. Mientras que el ejercicio excéntrico aislado presenta buenos resultados en fases iniciales, su efectividad disminuye en casos crónicos y recalcitrantes.
La combinación de ondas de choque, ejercicio excéntrico-concéntrico progresivo y, en algunos casos, infiltraciones de plasma rico en plaquetas (PRP) guiadas por ecografía, representa actualmente el abordaje más avanzado para tendinopatías de difícil resolución.
Los efectos secundarios son generalmente leves y transitorios: enrojecimiento, sensibilidad local o hematoma pequeño en la zona de aplicación. Estos síntomas suelen desaparecer en 24-48 horas. Es importante evitar el tratamiento en casos de:
Una correcta valoración previa y un buen conocimiento de las contraindicaciones garantizan la seguridad del procedimiento.
Las ondas de choque no deben considerarse un tratamiento aislado. Su verdadero potencial se libera cuando se integran dentro de un programa que contemple control de la carga, corrección de patrones de movimiento defectuosos, fortalecimiento neuromuscular y trabajo de pliometría progresiva.
El fisioterapeuta deportivo debe coordinar las fases de tratamiento: primero reducir el dolor y mejorar el entorno biológico del tendón, posteriormente restaurar la fuerza y la rigidez tendinosa, y finalmente trabajar la capacidad de absorción y producción de fuerza a velocidades deportivas específicas.
Es recomendable realizar valoraciones funcionales periódicas utilizando tests validados como el VISA-A (para Aquiles), VISA-P (para rotuliano) o PRTEE (para epicondilitis). Estos cuestionarios permiten objetivar la evolución más allá de la percepción subjetiva del dolor.
La progresión hacia ejercicios de mayor intensidad debe basarse no solo en la ausencia de dolor, sino en la recuperación de la rigidez tendinosa y la capacidad de tolerar cargas excéntricas elevadas sin síntomas al día siguiente.
Las ondas de choque representan una excelente opción para aquellos que llevan meses o años lidiando con el mismo dolor tendinoso. No se trata de una solución mágica, pero sí de una herramienta muy potente que, bien utilizada, puede cambiar significativamente el pronóstico de una tendinopatía crónica. Lo más importante es combinar este tratamiento con un buen programa de rehabilitación y tener paciencia durante el proceso de remodelación tendinosa.
Si estás cansado de que el dolor te limite en tu deporte favorito, consulta con un fisioterapeuta especializado en deporte y ondas de choque. Una valoración adecuada determinará si eres candidato a este tratamiento y diseñará el programa más efectivo para tu caso concreto. La mayoría de los deportistas que completan correctamente el protocolo logran volver a su nivel previo e incluso superarlo.
La evidencia actual sitúa las ondas de choque focales y radiales como uno de los tratamientos con mejor relación coste-efectividad en tendinopatías crónicas. Su mecanismo de acción va más allá del simple efecto analgésico, modificando directamente el fenotipo celular y la arquitectura tisular. La clave del éxito radica en la correcta selección del paciente, la dosificación precisa de energía y frecuencia, y especialmente en la integración dentro de un programa de carga progresiva basado en criterios clínicos y funcionales.
Los futuros retos pasan por estandarizar protocolos específicos según localización y estadio de la tendinopatía, así como investigar las sinergias con otras terapias biológicas. Mientras tanto, el fisioterapeuta deportivo debe dominar tanto la aplicación técnica como el razonamiento clínico que permite posicionar las ondas de choque en el momento óptimo del proceso rehabilitador.
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