La tendinopatía crónica es una de las consultas más frecuentes en fisioterapia deportiva y, a la vez, una de las más complejas de resolver. Cuando el dolor persiste más allá de las seis semanas y los tratamientos convencionales no logran una recuperación completa, el tejido del tendón ha perdido su capacidad natural de reparación. En ese punto, las ondas de choque se convierten en una herramienta fundamental, pero su eficacia aumenta cuando se integran en un protocolo estructurado que combina distintas técnicas en el momento biológico adecuado.
En este artículo analizamos en profundidad el uso de las ondas de choque en la fisioterapia deportiva para el tratamiento de tendinopatías crónicas. Basándonos en la experiencia de centros especializados como FisioClinics Logroño, Egea Fisioterapia y Ammma, hemos desarrollado una guía completa que unifica los mejores enfoques: desde la aplicación de ondas focales y radiales hasta la combinación con plasma rico en plaquetas (PRP), ejercicio excéntrico y la visión integrativa del Fiit Concept. El objetivo es ofrecer un protocolo claro, basado en la evidencia y aplicable en la práctica clínica diaria.
Las ondas de choque son ondas acústicas de alta energía que se aplican sobre el tejido lesionado para estimular su regeneración. A diferencia de otros tratamientos, no actúan directamente sobre la inflamación, sino que generan microtraumatismos controlados que reactivan los mecanismos naturales de reparación del cuerpo. Este estímulo mecánico, conocido como mecanotransducción, es el desencadenante de una cascada biológica que incluye la liberación de factores de crecimiento, la formación de nuevos vasos sanguíneos y la síntesis de colágeno.
En el caso concreto de las tendinopatías crónicas, el tendón presenta una estructura desorganizada, con fibras de colágeno mal alineadas y una vascularización insuficiente. Las ondas de choque rompen este círculo vicioso al dañar de forma controlada los capilares existentes, lo que fuerza la remodelación de las arteriolas y la creación de una nueva red vascular. Este proceso, llamado angiogénesis, mejora el aporte de nutrientes y oxígeno a la zona afectada, creando las condiciones necesarias para que el tejido pueda repararse de manera más completa.
Existen dos tipos principales de ondas de choque, y su elección depende de la profundidad y la naturaleza de la lesión. Las ondas focales concentran la energía en un punto concreto, lo que las hace ideales para alcanzar estructuras profundas y zonas específicas de lesión, como la inserción del tendón en el hueso. Por otro lado, las ondas radiales se dispersan de forma más amplia, actuando sobre tejidos superficiales y áreas musculotendinosas extensas.
En la práctica clínica, muchos especialistas combinan ambos tipos para obtener un efecto complementario. Las ondas focales se aplican primero para estimular la zona más dañada, mientras que las radiales se utilizan para preparar el tejido circundante y mejorar la respuesta general. Esta combinación es especialmente útil en tendinopatías complejas como las del manguito rotador, el tendón de Aquiles o la fascia plantar, donde el daño no se limita a un único punto sino que afecta a toda la estructura tendinosa.
Un protocolo bien estructurado es la clave para obtener resultados consistentes con las ondas de choque. La experiencia de centros como FisioClinics Logroño y Ammma muestra que la combinación de ondas de choque con otras técnicas, aplicadas en un orden específico, multiplica la eficacia del tratamiento. A continuación, presentamos un protocolo tipo de 5 semanas que integra ondas de choque, PRP y ejercicio excéntrico, basado en las mejores prácticas actuales.
La secuencia no es arbitraria. Cada fase está diseñada para aprovechar el momento biológico óptimo del tejido. Las ondas de choque se aplican primero para preparar el entorno tisular, estimulando la angiogénesis y rompiendo las calcificaciones si las hay. A continuación, el PRP aporta los factores de crecimiento necesarios para la regeneración. Por último, el ejercicio excéntrico organiza las nuevas fibras de colágeno en la dirección correcta, asegurando que el tendón recupere su funcionalidad.
Las ondas de choque se aplican en tres sesiones, con una frecuencia de una vez por semana. Cada sesión dura aproximadamente 10 minutos y consta de unos 3000 pulsos, ajustados según la tolerancia del paciente y la zona a tratar. El objetivo principal en esta fase es inducir la mecanotransducción celular, favorecer la angiogénesis y reducir la concentración de la «sustancia P», un neurotransmisor responsable de la transmisión del dolor crónico.
Es importante que el paciente sepa que el tratamiento puede ser molesto, pero no doloroso. No requiere medicación ni tiene efectos secundarios significativos, aunque puede aparecer un leve enrojecimiento o sensibilidad temporal en la zona tratada. La combinación de ondas focales y radiales en cada sesión permite abordar tanto las zonas profundas como las superficiales, maximizando el estímulo regenerativo.
El plasma rico en plaquetas se obtiene a partir de una extracción de sangre del propio paciente, que se centrifuga para concentrar las plaquetas y los factores de crecimiento. La infiltración se realiza en la semana 2, una vez que las ondas de choque han comenzado a preparar el tejido. Los factores de crecimiento como el VEGF y el PDGF reclutan células madre en la zona lesionada y favorecen activamente la regeneración tisular.
La combinación de ondas de choque previas con PRP no es casual. Las ondas de choque aumentan la permeabilidad del tejido y crean un microambiente más receptivo, lo que permite que los factores de crecimiento del PRP actúen de forma más eficaz. Esta sinergia es especialmente útil en tendinopatías de larga evolución, donde el tejido ha perdido su capacidad de respuesta a los estímulos convencionales.
El trabajo excéntrico se incorpora en la semana 4, cuando el tejido ya ha recibido el estímulo regenerativo de las fases anteriores. Los ejercicios excéntricos consisten en contraer el músculo mientras se alarga, lo que somete al tendón a una carga controlada. Este tipo de ejercicio tiene un efecto directo sobre la organización de las fibras de colágeno, mejorando la capacidad de carga del tendón y preparándolo para las demandas funcionales de la vuelta a la actividad.
Sin esta fase, el proceso de regeneración queda incompleto. El tendón puede regenerarse, pero sin la orientación adecuada de las fibras, el riesgo de recaída es alto. Por eso, el ejercicio excéntrico no es un complemento opcional, sino una parte esencial del protocolo. El fisioterapeuta debe enseñar al paciente los ejercicios específicos para su lesión y supervisar la progresión de cargas durante las últimas semanas del tratamiento.
Las ondas de choque están indicadas en una amplia variedad de tendinopatías crónicas, especialmente aquellas que no han respondido a tratamientos convencionales. Entre las más frecuentes se encuentran la tendinopatía del manguito rotador, la epicondilitis lateral (codo de tenista), la tendinopatía rotuliana (rodilla del saltador), la tendinopatía aquílea y la fascitis plantar. También son efectivas en casos de calcificaciones tendinosas, fibrosis muscular y periostitis.
Sin embargo, no todos los pacientes son candidatos. Las contraindicaciones absolutas incluyen embarazo, presencia de tumores en la zona de aplicación, trastornos de coagulación y tratamiento con anticoagulantes. También deben evitarse en zonas cercanas a los pulmones, el cerebro o la médula espinal. Una valoración clínica previa es imprescindible para determinar si el paciente puede beneficiarse del tratamiento y en qué condiciones.
Uno de los aspectos más interesantes del tratamiento con ondas de choque es su capacidad para combinarse con otras técnicas de fisioterapia. Centros como FisioClinics Logroño aplican el Fiit Concept, una visión integrativa que considera no solo la lesión local, sino también las posibles causas que la originan, como descompensaciones musculares, bloqueos vertebrales o disfunciones viscerales. Este enfoque holístico permite abordar la tendinopatía desde su raíz, reduciendo el riesgo de recaídas.
Además del PRP y el ejercicio excéntrico, las ondas de choque pueden combinarse con terapia manual, vendajes neuromusculares, punción seca y técnicas de neurodinamia. La clave está en personalizar el tratamiento según las necesidades de cada paciente. No existe una fórmula única, sino un conjunto de herramientas que el fisioterapeuta debe saber dosificar en el momento adecuado.
Si llevas más de seis semanas con dolor en un tendón y los tratamientos convencionales no han funcionado, las ondas de choque pueden ser la solución que buscas. Este tratamiento no es mágico, pero tiene una alta tasa de éxito: entre el 65% y el 85% de los pacientes experimentan una mejora significativa después de completar el protocolo. Eso sí, requiere constancia. Necesitarás entre 3 y 5 sesiones, con una frecuencia semanal, y deberás complementarlo con ejercicios específicos en casa.
Lo más importante es que confíes en el proceso. Las ondas de choque no ofrecen resultados inmediatos, sino que activan los mecanismos de reparación de tu cuerpo, que necesitan su tiempo para completarse. Durante las primeras sesiones puedes notar incluso un ligero aumento del dolor, pero es una señal de que el tratamiento está funcionando. Si tienes dudas, busca un centro especializado con experiencia en este tipo de protocolos y no dudes en preguntar todo lo que necesites.
Desde un punto de vista técnico, la eficacia del tratamiento con ondas de choque depende de varios factores: la correcta selección del paciente, la precisión en la aplicación, la dosificación adecuada y la integración con otras técnicas. Es fundamental realizar una valoración inicial completa que incluya ecografía musculoesquelética para evaluar el estado real del tejido. La ecografía permite identificar calcificaciones, fibrosis y el grado de desorganización del colágeno, lo que ayuda a ajustar el protocolo.
Además, recomendamos combinar ondas focales y radiales en función de la profundidad y extensión de la lesión. La primera sesión debe ser conservadora para evaluar la tolerancia del paciente, y las siguientes pueden aumentarse en intensidad. No olvides que el ejercicio excéntrico es la fase final y la que asegura la reorganización de las fibras. Sin él, el riesgo de recaída es alto. Por último, documenta cada caso y comparte tus resultados con la comunidad científica. La evidencia en este campo sigue creciendo, y tu experiencia puede ayudar a mejorar los protocolos existentes.
Para conocer más sobre cómo otros especialistas abordan este tipo de lesiones, te recomendamos leer nuestro artículo sobre el impacto de las ondas de choque en la recuperación de tendinopatías.
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